Las declaraciones del presidente de Deportes Limache no solo sorprenden por el tono, sino por el profundo desconocimiento de lo que significa El Derby para el deporte chileno. Comparar la autorización de público para una jornada del turf con un partido de fútbol en provincia no es solo una mala analogía: es una falta de comprensión histórica, cultural y deportiva.
Para quienes no siguen de cerca la polémica, el origen del conflicto es simple. Deportes Limache no pudo jugar con el aforo que pretendía ante Colo Colo, debido a exigencias de seguridad y disponibilidad de Carabineros. Desde ahí, su presidente César Villegas decidió apuntar contra el sistema completo, cuestionando por qué El Derby —que se corre este domingo en Viña del Mar— puede convocar a más de 60 mil personas, mientras su club enfrenta restricciones severas. El problema es que el argumento parte torcido desde la base.
El Derby no es “una carrera más”. Es una tradición con 141 años de historia, ininterrumpida incluso en contextos mucho más complejos que los actuales. Se ha corrido en pandemia, en tiempos de guerra civil, en medio de tragedias nacionales y regionales. No por capricho, sino porque es parte del patrimonio deportivo y cultural del país. Es, sin exagerar, la segunda gran fiesta nacional después de las Fiestas Patrias, muy por encima de cualquier contingencia puntual del fútbol profesional.
Reducir El Derby a una actividad ligada a las apuestas, como insinuó el dirigente, resulta irónico viniendo de quien preside un club auspiciado precisamente por una casa de apuestas de dudosa procedencia. Ahí la crítica pierde fuerza y se transforma en contradicción. ¿Qué se está cuestionando realmente? ¿El modelo, la seguridad o simplemente la frustración por una mala gestión del propio evento?
Tampoco ayuda el tono victimista con el que se intenta instalar la idea de que “en Santiago sí y en regiones no”. El Derby se corre en Viña del Mar, no en la capital, y convoca un público diverso, familiar y transversal, con una planificación de seguridad que se trabaja durante meses y no se improvisa en la semana previa. Esa es una diferencia clave que parece ignorarse deliberadamente.
Y si bien no es el foco central de esta discusión, cuesta no mencionar de pasada que el mismo presidente que hoy da lecciones sobre prioridades deportivas arrastra cuestionamientos por la multipropiedad reconocida entre Deportes Limache y San Luis de Quillota. Un tema sensible, pendiente y que habla más de conflictos estructurales del fútbol chileno que de supuestas discriminaciones coyunturales.
Nadie discute el derecho de Deportes Limache a crecer, consolidarse y aspirar a estadios llenos. Pero exigir trato equivalente a eventos centenarios, sin entender su peso histórico ni asumir responsabilidades propias, es confundir el debate. El respeto por la historia no se negocia, y menos se relativiza desde la ignorancia.
El Derby no se compara. Y quien no lo entiende, difícilmente está en condiciones de dar cátedra sobre prioridades deportivas en Chile.

