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  • Preparadores responden a posible caso de Anemia Infecciosa Equina en Viña

    Preparadores responden a posible caso de Anemia Infecciosa Equina en Viña

    Durante las últimas horas comenzó a circular un rumor sobre un posible caso de Anemia Infecciosa Equina (AIE) en los corrales del Valparaíso Sporting, lo que generó preocupación entre preparadores, propietarios y trabajadores del recinto hípico de Viña del Mar.

    Frente a esta situación, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) activó de inmediato su protocolo sanitario, que contempla la prohibición temporal de ingreso y salida de ejemplares desde y hacia el recinto ubicado en Avenida Los Castaños. Por su parte, la administración del Sporting notificó oficialmente la medida a los gremios mediante un memorándum interno que señala lo siguiente: 

    «Se informa a los señores preparadores que, en atención a una sospecha derivada de una sintomatología posiblemente asociada a la Anemia Infecciosa Equina en un ejemplar que reside en nuestro recinto, y como medida preventiva y de protección, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) determinó que, a contar de este momento, queda prohibido el ingreso y salida de ejemplares desde y hacia el Valparaíso Sporting Club. Esta medida se mantendrá vigente hasta contar con los resultados de los exámenes realizados durante la presente jornada, los cuales se esperan para mañana en la tarde.

    Anemia Equina Memorandum

    En conversación con indice1.cl, el presidente de la Agrupación de Preparadores del Valparaíso Sporting, Braulio Gómez, llamó a la calma y remarcó que, por ahora, se trata únicamente de un rumor en evaluación.

    “Efectivamente, hay rumores, el veterinario oficial que es el Doctor Gonzalo Durán se acercó a las instalaciones donde está el caballo que supuestamente está con anemia y le hicieron los exámenes de rigor”, señaló Gómez. 

    Yo pienso que puede ser solamente un rumor porque cuando los caballos están con anemia, están en un periodo totalmente deteriorado y este ejemplar al parecer no, entonces yo confío que los resultados de mañana van a ser negativos y que solo es un rumor que se esparció”, añadió.

    Cabe recordar que la Anemia Infecciosa Equina es una enfermedad viral que afecta exclusivamente a caballos. No tiene cura ni vacuna, y se transmite por insectos o por instrumentos contaminados. En Chile su denuncia es obligatoria ante el SAG, aunque los casos detectados en el país han sido pocos y aislados, el caso más conocido fue el ocurrido en el Club Hípico de Santiago en mayo del 2024.

  • Claudia Ramírez, sanar con amor y vivir entre caballos

    Claudia Ramírez, sanar con amor y vivir entre caballos

    En la vida hay amores que sanan y otros que no necesitan palabras, solo miradas, respiraciones suaves y el roce de una frente contra un hermoso finasangre. Así es la filosofía de la cuidadora Claudia Ramírez Leiva, quien dejó la típica vida ordenada y formal de una oficina para entregarse por completo a estos nobles animales que forman parte importante de su alma. 

    Madre, abuela y mujer de profunda entrega, encontró en la hípica un refugio para sanar su cuerpo y su corazón, y en cada caballo, un lazo único e irrepetible. Cada día, antes de que el sol asoma por nuestra ciudad, Claudia se levanta lista para traspasar todo su cariño en el trabajo. En un mundo donde el cuidado a veces pasa desapercibido, ella resiste con ternura y fuerza, demostrando que el amor verdadero se construye en el silencio y la dedicación.

    Claudia actualmente trabaja en el corral del preparador Víctor Caballería, en el Valparaíso Sporting, donde su rol va mucho más allá del cuidado de los caballos. Ella los escucha, los comprende y los acompaña como una madre lo haría con sus hijos. Entre los ejemplares que tiene a su cargo están “Eres Dulce Amor”, “Corazón Noble”, “Ignacio Andrés”, “Merengón” y “Gran Cafrune”. A cada uno le entrega algo único: un gesto, una palabra, una rutina hecha con cariño. No busca reconocimiento ni trofeos; su mayor premio es verlos sanos, tranquilos y listos para ser felices en la pista de carreras.

    Yo no los cuido… los amo. Y ellos, aunque no hablen, me lo devuelven todos los días”, dice con una emoción que no puede ocultar.

    Claudia Ramírez

    ¿Cómo llegaste a la hípica?

    Veníamos a trotar con una amiga al Sporting, y fue mi actual pareja, Jaime Olguín, quien me mostró este mundo. En ese tiempo él trabajaba con Wilfredo Mancilla y yo llegué a ese corral como su amiga, aún no éramos pareja. Pero un día, Jaime me dijo: “¿Le gustaría venir a ver los caballos?” Y yo le respondí: “La verdad, me encanta, algún día te voy a tomar la palabra”. Pasaron casi dos meses y un día me volvió a invitar. Le dije que después de trotar iba a pasar. Y así llegué al corral de “Don Willy”.

    Desde entonces se me hizo costumbre ir todos los días. Terminaba de correr y me iba directo a darle zanahorias a los caballos. “Don Willy” me abrió las puertas de su corral y me dijo que podía ir cuando quisiera. Empecé a llevarle zanahorias a todos y él comenzó a notar que tenía un feeling especial con ellos. Me decía: “Claudita, las puertas están abiertas, venga cuando quiera”.

    Además, mi hija ama tanto a los caballos como yo así que me pedía ir a verlos. Entonces “Don Willy” nos tomó tanto cariño que incluso nos pasaba los ponys y algunos caballos de carrera para montar. Había uno que la Feña le puso “Bad Bunny”. Lo montábamos dentro del corral; yo arriba y ella caminando al lado. 

    Claudia Ramírez 2

    ¿Y cómo tomaste la decisión de entrar definitivamente a este mundo? 

    Jaime (Olguín) me enseñó su trabajo en solo una semana. A él justo le ofrecieron irse de cuidador y capataz con los caballos del Leontina, así que me preguntó si quería ir con él. Aún no éramos pareja. Yo le respondí que una cosa era darles cariño y otra muy distinta era trabajar con caballos. Sin embargo, él me dijo: “Yo le enseño el trabajo”.

    En ese tiempo él cuidaba a Puerto Hamburgo, uno de los caballos con los que más tenía feeling. Me enseñó a agarrar una mano o una pata. Es muy distinto hacerles cariño desde afuera que estar con ellos dentro de una pesebrera.

    Y así llegamos al Leontina. Tenía excelentes compañeros como Francisco, al que todos le dicen “Pecho e Palo”; a él lo quiero mucho, me enseñó un montón. Muchos no entienden su forma de ser, pero para mí fue clave. Siempre me defendía, porque este mundo es muy machista y no todos aceptan que una mujer trabaje en esto. Era la típica envidia, pero él siempre decía: “¡Cuidado con la Chimu!”. Me dice Chimu porque cuando me conoció yo trabajaba en una oficina, con tacos y traje. Y después me veía toda desordenada, con los pelos parados (ríe).

    A mi hija le puso «La Espejito» y a la hija de Jaime, «La Pitusa».

    ¿Cómo fue ese cambio desde el trabajo de oficina a la hípica?

    Sinceramente, fue un cambio que hice por amor. Lo que pasa es que yo no los veo como caballos, para mí son hijos. Si se enferman, es como si se enfermara uno de los míos. Cuando murió Starlink, sentí que se me había ido un hijo. O cuando se llevaron a Zucchero y a Double Black, que también cuidaba. 

    Cuando el jefe decide que hay que venderlos, trasladarlos o incluso sacrificarlos, se te viene el mundo abajo. Ahí es cuando uno se pregunta los motivos para estar aquí, ya que uno termina sufriendo por decisiones que toma otra persona.

    ¿Cómo es la relación con tus compañeros?

    En general es buena, siempre he tenido una buena conexión con la gente que trabajo. Soy como la mamá de muchos. Les hablo claro; al pan, pan y al vino, vino. Muchas veces tengo que hablarles como hablo en la casa, como mamá.

    Dejar la oficina fue una decisión muy difícil. Pasé de ganar un buen sueldo y estar impecable en una oficina a andar toda cochina. Hasta el día de hoy me cuesta. A veces, cuando hay carreras los miércoles, en la mañana voy a mi otro trabajo y luego tengo que llevar a los caballos a correr. Me cuesta ir sin ducharme, sin estar presentable. Pero aquí me siento libre.

    ¿En qué año comenzaste como cuidadora y cómo fueron tus inicios?

    En 2019. Empezamos con los caballos del Leontina, en el corral de Ernesto Guajardo; él me sacó la patente. Luego, nos fuimos al Sumaya, donde Jaime (Olguin) era capataz. Entre los dos tuvimos a cargo 13 caballos y también trabajamos con el preparador Aníbal Norambuena.

    Uno de los caballos de Jaime se llamaba Ticket de Cambio. No era muy bueno, pero era un amor. Si no le daba un beso en la mañana, no me dejaba tranquila. Yo pasaba por debajo de sus patas y él ni se movía. 

    Después Jaime se fue a Estados Unidos y llevamos nuestro caballo al corral de “Beto” Ferrero. Al principio yo solo iba a ver a mis caballos, pero un día “Beto” me dijo: “¿Será mucho pedir que cuide otros también?”. Yo le dije que solo iba a ver a los míos, pero me insistió porque veía la dedicación. Terminé cuidando seis caballos más.

    Me tocó trabajar con Todd Pletcher en Estados Unidos. Luego, ya de vuelta, me vine con el “viejo” Víctor Caballería, que es un excelente patrón. Me respeta mucho y confía plenamente en mí. Nunca han tenido que decirme qué hacer, yo ya sé lo que corresponde. Acá tenemos un equipo súper acogedor, sin envidias. Si hay un problema, lo hablamos de frente.

    Te veo una conexión especial en este corral con Eres Dulce Amor…

    Sí, esa yegua es especial. Yo digo que es una enviada de Dios. El dueño deseaba que la cuidara antes de que la amansaran. Yo le decía que no montaba, pero él insistía: “Si usted la cuida, Jaime la va a montar”. Jaime ya no quería seguir amansando, pero aceptó por mí.

    Yo le pongo alabanzas en la pesebrera y le hablo: “Tú te vas a llenar de energía porque en cada galope vas a sanar a alguien”. Me escucha, me mira y tuvimos una conexión desde el primer día. 

    Una vez me fui y ella dejó de comer. Volví, le hablé, y al día siguiente se comió todo. Me ha corrido dos carreras. La primera no se cuenta porque salió mal, tuvo muchos contratiempos y aún así logró llegar octava. Pero la segunda, me ganó con Piero Reyes. Ahí confirmé que ella era muy especial. 

    N. de la R: En la actualidad la ejemplar ha corrido cinco carreras, figurando cuarta en su última presentación disputada el 4 de agosto de 2025 en el clásico Bartolomé Puiggros, I etapa de la Triple Corona Local de los 3 años en el Valparaíso Sporting.

    ¿Crees que el trabajo de los cuidadores está invisibilizado?

    Totalmente. El entrenador es la cabeza, claro, pero nosotros estamos en el día a día. Nosotros los curamos, caminamos con ellos, los cuidamos con amor. Por ejemplo, con Corazón Noble y Starlink yo llegaba a las 6 am y no me iba hasta las 8 pm porque sabía que debía ducharlos, caminar con ellos, hacer compresas. Es un sacrificio enorme.

    Hay cuidadores que limpian y listo. Para mí no, esto es una responsabilidad. Sea barrer una calle o cuidar un caballo, siempre debes dar lo mejor de ti y más aún siendo mujer. La hípica es muy machista. Cuando una llega, te miran raro. Pero yo aprendí y trato de hacerlo bien.

    ¿Faltan más mujeres en la hípica?

    Obvio que sí. Por ejemplo, en el Sporting hay mujeres que hacen muy bien su trabajo. Una de ellas es Linda, que también es cuidadora y trabaja con Rodrigo Silva. Ella tiene una conexión hermosa y muy especial con los caballos. Es un ejemplo a seguir, porque en Estados Unidos hay muchas mujeres y tenemos más dedicación, más cuidado y más amor.

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    Yo no me voy si no les dejo las uñas con grasa o bien lavadas. Cuando viene el doctor Troncoso me dice que no ha visto cuidadores que les laven las uñas a los caballos con balde y yo lo hago. Es parte del cariño.

    Nos llama la atención que siempre te vemos con un niño en los días de carreras, ¿nos puedes contar quién es?

    Es Lucas, hijo de Elías, cuidador de Gonzalo Vegas. Cuando yo iba al corral de Tanytus él estaba ahí y empezó a hablarme de todos los caballos. ¡Se sabía el historial de todos! Hasta el peso. Me decía: “Tía, este ha corrido tantas veces, lo montó tal jinete”. Su papá dice que en vez de ver monitos, ve carreras. Le digo que está pintado para entrenador. Desde entonces me sigue a todos los corrales.

    Hablé con su mamá y me autorizó. Yo soy estricta, pero me gusta enseñarle a los niños. Un día me dijo: “Tía, falta algo en la pizarra de llevadas… ¡yo po!” (ríe). Así que puse: “Claudia y Luquitas”.

    Todos piensan que es mi hijo. El día que ganó Soul Queen, la veterinaria me preguntó si era mío. Le respondí: “Es mi hijo adoptivo”. Su mamá a veces le cambia permisos por notas y él está feliz. Me acompaña a todas.

    ¿Cómo compatibilizas tu rol de mamá con este trabajo?

    Es lo que más me cuestiono. Jaime a veces se enoja porque no descanso bien, ya que tengo otro trabajo tres días a la semana, salgo temprano, voy al otro trabajo, vuelvo, llego a casa, cocino, limpio, plancho y a veces son las 11 de la noche y aún estoy en pie. Ahora recién estoy retomando el gimnasio, después de tres años enferma.

    ¿Le faltan horas al día?

    ¡Todas! Termino muerta, con dolores. Porque además soy mamá, abuela y cuidadora. A veces ayudo al “viejo” con más caballos, pero no me da el cuerpo. Antes llegué a cuidar siete.

    ¿Cuál ha sido tu mayor alegría como cuidadora?

    Verlos sanos es más importante que ganar. Es emocionante ver a uno que daban por desahuciado volver a verlo ganar. Poder decir: “Lo logré”. El veterinario me dice: “A la Claudita no tengo que decirle nada”.

    Gran Cafrune, por ejemplo, se lesiona una manito cuando corre. Busco mático, hago compresas, me esfuerzo. Con Corazón Noble tengo una conexión muy especial, volví después de mi enfermedad y sentí que me estaba esperando. A veces me pregunto qué hago aquí, pero ellos me responden.

    ¿Y tu pena más grande? 

    La muerte de Starlink me marcó mucho. Gente de otros corrales tiraba la típica “pela”: “¿Y cuándo se te muere tu caballo?”. Me daban ganas de pelear. No le deseo el mal a nadie, menos eso.

    Perdí a mi segundo hijo. Sé lo que es ese dolor, y esto es parecido. Estuve dos semanas en que entraba a una pesebrera y lloraba. El “viejo” me preguntaba: “¿Qué te pasa, te pisó un caballo?”. Y no, simplemente me acordaba de él. No me entendían pero uno es distinta, tiene otra sensibilidad. 

    ¿Cuál es tu mayor sueño en la hípica?

    Me han ofrecido que me siga especializando y ser capataz, pero no sé si eso va conmigo. Yo soy feliz como cuidadora. Esa conexión diaria, estar en la pesebrera, que el caballo te escuche, eso me llena.

    ¿Cómo es un día completo en la vida de Claudia?

    Me levanto a las 5:30 AM, a más tardar a las 6:00 AM; lavo ropa, cocino, dejo el almuerzo listo y a las 6:30 ya estoy en el corral. Tres días a la semana voy a otro trabajo a las 9:30 horas; vuelvo entre mediodía y la 13:00 hrs. Termino todo y no me voy hasta que esté impecable. Soy maniática con el orden. Reviso caballo por caballo.

    Llego a casa, hago aseo, a veces voy al gimnasio y recién a las 21:30 horas puedo acostarme. El único día que descanso es el domingo. Ese día es para mí y para Dios; voy a la iglesia y le agradezco por mis caballos y por estar viva. 

    ¿Eres feliz con este trabajo?

    Sí. Yo creo que por eso volví. Ellos me sanan, como yo los sano a ellos. He pasado muchas cosas. Hoy, mientras te doy esta entrevista, tengo un aneurisma en la aorta, secuela de una operación. Estuve sin caminar, con dolor, pero venir acá fue una verdadera sanación. Caminaba con ellos aunque me doliera. Ellos me ayudaron. Son mi vida junto con mis hijos.

    Me recargo de energía con los caballos. Es algo inexplicable. Incluso el finasangre más loco se queda tranquilo conmigo. Eso es impagable. Un día, el veterinario me dijo: “Tus caballos te necesitan”. Y yo creo que sí, si pudieran hablar, tendríamos grandes conversaciones.

    Claudia, solo queda darte las gracias por la entrevista. Es una historia hermosa y es muy emocionante la conexión que tienes con los caballos.

    Gracias a ustedes. Jamás pensé que daría una entrevista, y si mi historia sirve para que otras chicas se motiven a aprender este trabajo, o para que mis colegas traten mejor a los caballos, con eso me doy por pagada.

    La historia de Claudia Ramírez es un relato de amor, lucha y sanación junto a sus caballos. Su vida es un ejemplo de entrega y pasión, donde el cuidado se convierte en un lenguaje más allá de las palabras. Una mujer valiente que busca inspirar a sus pares con un trabajo cargado de cariño. 

    Claudia nos recuerda que sanar también es un acto de amor profundo y verdadero.

  • Israel Villagrán, el jinete que conquistó la pista y a la gente

    Israel Villagrán, el jinete que conquistó la pista y a la gente

    Entrevista: Daniela Muñoz C. 

    Edición: Ricardo Ortega

    La hípica siempre nos presenta una variable bien interesante, donde convergen la sangre nueva y la experiencia. Sin embargo, pocos son los que realmente logran cruzar y ganarse el corazón de generaciones enteras amantes de esta actividad; así podemos comenzar la historia del látigo nacional Israel Villagrán, egresado de la escuela de jinetes en el año 1992, y quien a sus 51 años sigue montando como desde el primer día en que se enamoró de esta arriesgada profesión.

    Aquellos que lo vieron correr cuando eran niños, hoy son adultos que siguen admirando su constancia, nobleza y humildad, dentro y fuera de la pista. Con más de 822 carreras ganadas, la gran mayoría en el Valparaíso Sporting, Israel Villagrán no es solo un jockey: es historia viva del turf en Viña del Mar.

    Con perseverancia y trabajo, se ha convertido en un referente para el público, sus pares y las nuevas generaciones, que lo ven como un verdadero ejemplo a seguir, cosa que es notoria cuando uno lo ve trabajando en las mañanas y compartiendo en la sala de jinetes.

    Israel Villagrán y su primer triunfo.

    Israel es un hombre tímido frente a las cámaras y de pocas palabras ante los periodistas, pero aunque no se proclame ídolo, hay muchos que lo tienen en lo más alto del corazón hípico. Cuando haces las cosas bien es normal que nazca una admiración y respeto por ti.  Así lo vive Villagrán, que ha sabido levantarse de un sinfín de lesiones y caídas, ganando gracias a esto apodos como “El Androide Inoxidable de la Hípica” (denominación otorgada por este medio). 

    Israel, ¿Cómo te iniciaste en el mundo de las carreras de caballos?

    Mi familia es hípica. Mi papá fue jinete, también mi abuelo y mis tíos. Soy familiar de los Castillo; Pablo Castillo, Orlando Pedro Castillo. Mi abuelo trabajó varios años. Fue capataz de un corral y desde chico me llevaban para allá, donde montaba y todo. Y de a poco le fui agarrando cariño a la hípica porque después de mis estudios me iba al corral donde estaba un primo y lo ayudaba a trabajar, a cuidar caballos y así, de a poquito, me fui enamorando de la hípica hasta el día de hoy.

    Royal Castle e Israel Villagrán ganando en 2008.

    Sin duda lo llevas en la sangre. ¿De dónde nace la idea de ser jinete? ¿Seguir la herencia familiar?

    Claro, esto es una bonita herencia familiar.

    ¿Tus mayores referentes serían de tu familia?

    Sí, toda mi familia, todos son buenos referentes. A mi tío de chiquitito lo veía ganar carreras en el Hipódromo Chile. Se ganó estadísticas, fue un buen jockey, ya no está ejerciendo, pero sí lo veía harto. Lo ayudaba también en la sala de jinetes, le sacaba las botas, lo ayudaba con los aperos. Sí, de a poquito, siempre estuve ligado a la hípica, siempre, siempre, toda la vida, hasta el día de hoy.

    Israel Villagrán ganando en la antigua pista 2 de pasto en Viña.

    ¿Y qué significa la hípica para ti?

    Simplemente todo. Me lo ha dado todo. Me ha dado una hermosa familia. Todo lo que tengo me lo ha dado la hípica. Gracias a Dios.

    ¿Y te consideras un jockey querido por la gente?

    Sí, me doy cuenta de que igual hay mucha gente que me tiene afecto. Son pocas las personas que me gritan cosas o que me tienen mala. En realidad, no me considero muy popular entre la gente, pero sí, tengo harto cariño de la afición. 

    ¿Qué significan para ti los colores del Pompita?

    Todo. Siempre le digo al propietario que yo prefiero correr los caballos de él, que correr otros caballos. Así que siempre que hay un caballo de él y otro que yo haya corrido, prefiero correr los del Pompita. Con él nos iniciamos y hemos estado toda la vida ligados. Somos familia, así que con mayor razón.

    Israel Villagrán posando con los colores del Pompita.

    ¿Cuáles son las carreras más importantes que has ganado hasta la fecha?

    Me gané la Copa de Plata Ítalo Traverso Pasqualetti en el 2002 junto a Sundstron. En ese tiempo ese clásico era Grupo I, era más importante y significó harto. La preparaba Alberto Donoso, más conocido como el “Tío Beto”. Él ya falleció, pero esa fue una de las carreras más emocionantes y yo era joven, me catapultó bien alto.

    Israel, llevas muchos años casado con una trabajadora muy querida del Sporting. ¿Cómo fue encontrar el amor en esta actividad?

    Hermoso. Es lo mejor que tengo junto a toda mi familia. Mi pareja me ha acompañado en todas y la familia igual. He tenido accidentes donde mi mamá me ha dicho que no corra más, que ya está bueno porque les da miedo, pero uno ya estando en este trabajo, le pierde miedo a los caballos, a caerse. Uno no le teme a nada, porque aparte que esto es lo que uno sabe hacer, y por lo menos yo trato de hacerlo bien.

    Israel Villagrán y Mariela Gaudio.

    ¿Y te sientes identificado como un referente del Valparaíso Sporting?

    No me siento identificado, pero sí me gusta cuando me tratan con cariño. Por ejemplo, una vez el relator dijo: “Israel Villagrán, un emblema viñamarino”, cuando lo dijo lo escuché por el parlante y me sentí bien, me gustó. Pero que yo me sienta así como que yo soy el emblema, no creo. Pero me gusta cuando la gente lo dice, me emociona.

    ¿A lo largo de tu carrera, cuáles son los caballos que han marcado tu vida?

    Anahola es una de mis referentes, sin duda la mejor de todas. Igual quedé recontento con esa nota que hicieron ustedes en Indice 1, cuando gané con la hija de ella (Merluziana). Y claro, cuando gané me sentí más contento que cuando ganaba con la mamá, porque la sentí como que era muy igual, como que me había reencontrado con Anahola. Esa es una de las alegrías más bonitas que tuve.

    Israel Villagrán y Anahola.
    Merluziana e Israel Villagrán ante los reporteros gráficos.

    ¿Cuáles son tus metas a corto plazo?

    Yo he ganado muchas carreras, llevo como 800 y mi meta, ojalá así Dios quiera, si tengo vida y salud, es llegar a las 1.000, que sería mi sueño. Con eso ya los habría cumplido todos, porque ganarse mil carreras no se las gana cualquiera. Y yo corro acá en Viña no más, casi todas me las he ganado acá, y lograr todos esos triunfos en un solo hipódromo es buenísimo, además que es súper difícil y complejo.

    ¿Cuál ha sido la mayor alegría que has vivido en esta actividad?

    He tenido muchas alegrías. Una vez estaba corriendo y gané tres carreras. Además, ese mismo día nació mi primera hija. Creo que fue el día más feliz de mi vida. Terminé de correr y me fui al parto, porque era un parto compartido. Era la primera vez que entraba a uno, porque era mi primera hija, y ese día fue uno de los más felices. Una emoción indescriptible. Un día redondo.

    Fotos del recuerdo de Israel Villagrán.

    ¿Cuál ha sido la pena más grande que has tenido con la hípica?

    Cuando perdí a mi papá, porque era mi hincha. Me mató con esa pregunta, pero vamos no más, si total la hípica sigue (Israel se emociona).

    ¿Qué mensaje les dejarías a todos tus seguidores?

    Que los sueños se cumplen, hay que ser perseverante y buscarlos pese a todas las complicaciones que se puedan dar en el camino. Cuando uno ya los logra, se siente pleno y satisfecho, y esa es la idea. Yo siento que ese es el impulso de la vida, lograr tus metas y hacerlas, pero hacerlas bien y con ganas. Eso es bueno.

    Victoria de Israel Villagrán junto a Orient Beach en la jornada del Derby 2007.

    ¿Algún consejo para los nuevos jinetes, las nuevas generaciones?

    Tienen que trabajar harto no más. Esto se gana con harto trabajo y sacrificio. Esa es la clave del éxito. Trabajo y sacrificio.

    Algo que tu demuestras al tener más de 800 carreras ganadas, porque sigues trabajando todas las mañanas junto a los caballos…

    Todas las mañanas estoy ahí trabajando, de lunes a sábado, y le hago harto empeño. Monto harto y por eso también corro hartos caballos. Gracias a Dios, la gran mayoría de los preparadores me tienen buena. Les corro a todos. No tengo ningún preparador que me diga: “no, yo a ti no te echo a correr”. Todos me echan a correr y, gracias a Dios, me va bien.

    Rubia Ester e Israel Villagrán ganando el 18 de octubre de 2006 en Viña.

    Y para terminar, ¿cuéntanos cómo es un día en la vida de Israel Villagrán?

    Hoy me levanté en la mañana a trabajar. Después de trabajar, me vine a las 10 AM a la sala de jinetes, me vestí para trotar; troté de 11 a 12. A las 12:30 ya me había bañado y estaba listo en la sala de jinetes. Y a las 13:30 horas ya es la primera carrera. Después corro toda la reunión y espero a mi esposa, que también trabaja aquí mismo, y nos vamos juntos a la casa. Y llegar a la casita ya es satisfactorio, ya que uno regresa con vida y salud. ¿Existirá algo más lindo que ver a mis niñas esperando que uno llegue? No creo. Ellas se ponen felices cuando uno llega bien y te da una alegría inmensa para terminar el día.

    Es súper sacrificada la vida de un jinete…

    Sí, muy. Aparte, esto uno no lo hace solamente los días de carrera, porque uno tiene que mantenerse trotando, comiendo sano para no engordar y tener un estado físico pleno para no tener problemas con el peso. A mí no me gusta tener ese problema, así que gracias a Dios me cuido.

    Muchas gracias por contarnos tu historia.

    Gracias a ustedes y un saludo a todos sus seguidores. 

    Samio le entregó un triunfo a Israel Villagrán tres días después de su cumpleaños en el 2000.

    Fotografías: Fotoficial.cl – Concettina – Repositorio de Indice 1 – Facebook de Rodrigo Lizama.

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