La pasión y el amor por los caballos es lo que mueve a esta abogada que lucha por una actividad más justa para todos y todas.
Por Daniela Muñoz
@dani.indice1
No es un día cualquiera al momento de hacer esta entrevista, ya que se está desarrollando la jornada del Gran Premio Latinoamericano 2022 en la pista del Hipódromo Chile, lugar al que tuvimos que entrar como cualquier hípico común y corriente. ¿La razón? El recinto de La Palma, junto a un escaso (en realidad nulo) apoyo de la Asociación de Periodistas Hípicos, no quisieron acreditarnos para llevarles a ustedes nuestra mirada de uno de los días que cualquier periodista amante de esta actividad le gustaría cubrir. ¿Vaya camino para fomentar la libertad de prensa, no?
Tras caminar un rato por el Hipódromo Chile, logramos encontrarnos con nuestra entrevistada: María Soledad Ramírez, quien tras abandonar el recinto de “La Troya”, al que teníamos prohibido el acceso, nos recibió con una sonrisa y un atuendo despampanante que se robó las miradas de todo el mundo.
Como no estábamos acreditados, tuvimos que ubicarnos en un pequeño rincón del recinto de Independencia, al exterior del sector del policlínico para ser más específico. A pesar de la incomodidad que podría presentar este sitio para nuestra entrevistada, Soledad no tuvo ningún reparo en compartir junto a nosotros para hablar sobre su pasión: la hípica.
Soledad, te has ganado un espacio totalmente merecido en la hípica nacional. Eres uno de los rostros que destaca cuando ocurren hechos de injusticia y siempre eres la primera que alza la voz. Por lo mismo, has obtenido el cariño de mucha gente ligada a esta actividad
¿Crees que la hípica a veces vive en una nube de fantasía por parte de los altos mandos que dirigen los hipódromos?
Yo creo que la hípica vive un poco en una burbuja, ya que todos los problemas suelen arreglarse a puertas cerradas en los mismos recintos. Eso está mal y quedó demostrado que no somos tan importantes cuando fue la época de la pandemia, donde tuvimos que pedir ayuda en todos lados para volver a correr.
Además, la hípica no es muy conocida, salvo que de repente nos vinculan con hechos de narcotráfico, que es un deporte de millonarios, que acá todos como que no sabemos lo que valen las cosas y yo creo que falta visibilizar más hacia afuera la hípica, como una comunidad muy potente, del punto de vista del trabajo, de los puestos y plazas de empleo que entrega; las familias chilenas que tienen su sustento en esta actividad y yo creo que es una actividad muy particular del punto de vista económico, porque entrega trabajo en el campo y en la ciudad.
Yo creo que como pocas actividades tiene esa virtud pero falta mucho visibilizar hacia afuera, creo que en eso están al debe las autoridades de la hípica. Yo creo que falta que seamos más hinchas de la hípica, del punto de vista de transmitir lo que es y no lo asocien solamente a un juego, a una apuesta.
A pesar de que la apuesta es la que nos financia, falta mucho trabajo en ese sentido y la pandemia lo demostró. Nosotros decíamos que éramos muy importantes, que nos tenían que abrir y no fue así; hubo que luchar mucho, tocar muchas puertas, un trabajo tremendo para poder lograr la apertura y que la hípica no cerrará más, pero fue un trabajo titánico.
Vida personal
¿Cómo nace este amor por la hípica?
Los caballos los conocí desde chica. Aprendí a andar muy chiquita a caballo y después por mi ex marido, Rodolfo Valdivieso, dueño del Stud María Paz y de ejemplares como Troyano y Clear Song (este último ganó El Ensayo); tantos caballos que tuvimos y tan buenos, como Troyano, este último fue un caballo ícono en su época acá (Hipódromo Chile), un récord total. Un hijo de Tranaman y Carmelina, que entrenaba Oscar Silva, un caballo fuera de serie.
Además, cuando conocí a mi ex marido, me regaló un caballo de carreras que fue Manto y me enamoré de él. Me salió buenísimo, porque corría acá en el Chile en distancias de 1.400, 1.600 y 1.900 metros y era encantador. Para mí, fue mi campeón en la hípica y ahí empecé yo a comprar caballos. Yo soy abogada y empecé a comprar y nunca más lo dejé porque me encanta la hípica.
¿Qué hay de cierto de que dejaste tu profesión un poco de lado por la hípica durante unos años?
Sí, por cuatro años…
Nos despedimos de Soledad para que pueda disfrutar del hermoso día del Gran Premio Latinoamericano, pero nos quedamos con una grata sensación. Con figuras como ella, la hípica se volverá más justa para todos los gremios que la rodean y en especial para los que no tienen voz.
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